Los medicamentos aumentaron más que las jubilaciones y profundizan la pérdida de poder adquisitivo de los adultos mayores
Un relevamiento basado en datos oficiales reveló que entre mayo y julio los medicamentos de uso crónico subieron un 6,02%, mientras que la jubilación mínima aumentó apenas un 4,79%. La diferencia impacta de lleno en el bolsillo de los jubilados, que destinan una porción cada vez mayor de sus ingresos a tratamientos esenciales.

El costo de los medicamentos volvió a ubicarse por encima de la evolución de los ingresos de los jubilados, ampliando la brecha entre el precio de los tratamientos y el poder adquisitivo de quienes dependen de la jubilación mínima. Un análisis realizado sobre los precios de referencia publicados por el Ministerio de Salud de la Nación muestra que, entre el 1° de mayo y el 1° de julio de 2026, los remedios de uso crónico registraron un incremento acumulado del 6,02%, mientras que la jubilación mínima aumentó un 4,79%. Si se considera el haber con el bono de $70.000, congelado desde marzo de 2024, la mejora real fue de apenas el 4,06%.
El estudio tomó como referencia 162 presentaciones correspondientes a 42 principios activos utilizados para tratar enfermedades crónicas como hipertensión, diabetes, colesterol, trastornos tiroideos, epilepsia, glaucoma, asma y afecciones cardiovasculares. En todos los casos se verificó un incremento uniforme: 2,99% entre mayo y junio y otro 2,94% entre junio y julio.
La diferencia porcentual puede parecer reducida, pero su impacto es significativo para quienes dependen de tratamientos permanentes. Un jubilado que hace apenas dos meses podía adquirir una determinada cantidad de medicamentos, hoy necesita destinar una mayor parte de su ingreso para acceder a los mismos productos.
Una canasta que absorbe buena parte del ingreso
El informe también calculó el costo de una canasta compuesta por cinco medicamentos de uso frecuente: enalapril, amlodipina, atorvastatina, levotiroxina y clopidogrel.
En mayo, esos tratamientos tenían un valor de $189.457,91. En julio pasaron a costar $200.859,30, lo que representa un aumento de más de $11.400 en apenas dos meses.
Sin cobertura médica, esa canasta equivale actualmente al 41,7% del ingreso mensual de un jubilado que percibe la mínima con bono, estimado en $481.989,33.
Incluso quienes cuentan con cobertura del 70% deben afrontar un copago que también aumentó. El desembolso pasó de $56.837 en mayo a $60.258 en julio, una cifra que representa cerca del 12,5% del ingreso mensual.
Cómo se fijan los precios
Uno de los aspectos que llamó la atención del relevamiento es que las 162 presentaciones analizadas aumentaron exactamente el mismo porcentaje.
Este comportamiento evidencia que los precios de referencia publicados oficialmente no reflejan las variaciones individuales del mercado, sino que se actualizan mediante un coeficiente uniforme aplicado a todos los medicamentos incluidos en el listado.
Según el análisis, durante junio se aplicó un factor de actualización del 2,99% y en julio otro del 2,94%, aunque no se informa públicamente cuál es el criterio técnico utilizado para definir esos porcentajes.
Esta cuestión resulta relevante porque sobre esos valores se calculan los descuentos y coberturas que reciben millones de afiliados. Cuando el precio real en farmacias aumenta por encima del precio de referencia, la diferencia debe ser afrontada íntegramente por el paciente.
Una tendencia que se profundiza
La situación actual forma parte de un proceso sostenido de incremento en el costo de los medicamentos.
Estudios del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) muestran que entre septiembre de 2023 y marzo de 2026 algunos fármacos registraron aumentos superiores al 500%. En ese período, la capacidad de compra de medicamentos por parte de los jubilados cayó entre un 50 y un 56%, dependiendo del tratamiento.
A este escenario se suma la reducción del acceso a subsidios para medicamentos por parte de afiliados al PAMI y el congelamiento del bono extraordinario que reciben quienes perciben la jubilación mínima.
Mientras tanto, farmacéuticos y profesionales de la salud advierten que cada vez son más frecuentes las situaciones en las que adultos mayores espacian las dosis, dividen comprimidos o priorizan algunos tratamientos por sobre otros para poder afrontar los costos de la medicación. Estas estrategias permiten aliviar momentáneamente el gasto, pero representan un riesgo para la continuidad de los tratamientos y para la salud de quienes dependen de ellos de manera permanente.
FUENTE: El Entre Ríos


























